Año 11.
 
 rr aiTaí?ona T
 
 15 de Octubre de 1903.
 
 NT M . 5
1.
 EEDÁCCI02I
 y
 
 Precios úe soscripcMB
 P ara toda Kspafia:
(> r eales triiiu'Htro. l'iigo uiiticii)a(lo. V í ^.2>
 
 Li ATiUTi
SEMANARIO TRADICIONALISTA
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 ABMIHISTEACIOH
 Callt» d > Aug-nsto, VúK Ent.' «
AnuiH'iü» tH'onomicos. '^>
 
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 AUTORIZADO
 
 POR
 
 EL
 
EXCit/lO. SR. JEFE REGIONAL
 cia de los católico.s se ha acubatlo. llora
e s y a de empeziir una era nueva cl*j r eivindicaciones, hora es ya de
hacer L os católicos do Bilbao, en uso de un s aber á los .sectarios
lo q ue podemos y perfecto derecho, organizaron la peregri- v alemos y
d e m eterles el r esuello en nación al Santuario de la Virgen de Be-
el cuerpo; las fábulas y l as catuiuelas gofla, Patrona de V izcaya;
puestos y a d e los papeles mestizos, son del género en marcha los
devotos, fueron victimas bufo; l as protestas de Pidal en oi p róxide las
agresiones brutales de republica- mo parlamento son agua de achicorias
y nos, l ibrepensadores y l iberales; el G o- g imnasia de «jereicios
politicos; l as ©sclabitrno figuraba a mpararles en e l ejerci- nmciones
y j eremiadas del Uiiwtr$o y cio de las libertades cristianas que otor-
del Siglo Futuro son papel mojado; loa gó á los fieles Jesucristo Seflor
Nuestro, católicos nada deben esperar n i d e Orti c uyas libertades
no deduce la Iglesia de y L ara, n i de D . Karaóii Nocedal, que l
as modernas Constituciones ateas, sino s irven para defender á los
católico» lo de la divina institución del Cristianismo; mismo que
cualquier beata histórica: los p ero mientras los gobiernos fingen pro-
c atólicos fervientes han de t omarse la tección á los católicos,
los liberales y l a j usticia por sus manos cuando se vean p atalea los
apedrean, los fusilan y los s eriamente amenazados; esto por ahora d
espechurran á p uñaladas. ¡Siempre lo m ientras Dios no d isponga otra
co»a mismo! Pacíficos ciudadanos, los mejores m ^or. e ntre los buenos,
son víctimas espiatoL os católicos de acción armada, saben rias d e
los verdugos sectarios, y los p erfectamente que no estarán seguros ni
niflos y l as mujeres corren peligros de ios Obispos, ni los frailes,
ni las monjas, m uerte. ni el Clero, ni los templos, con las demás En
el presente caso d e Bilbao, como c osas sagradas, hasta que ©I Duque
d e en los d e Valencia y otros muehisfmoa, M adrid, desplegando su
bandera, diga á s e persigue á los católicos y se les caza todos: ¡
Españoles!... ¡arriba! eorao fieras; la Guardia civil y los polizontes,
municipales y g ubernativos, tienen órdenes KKSKRVADAS d e dejar hacer y
d ejar decir insultos y p rocacidades, hadta que les toquen á ellos las
costillas Un periódico de Paris nos suministra ó l a autoridad se vea
ciertamente aniedel Juliano apóstata francés interesantes naxatía;
entonces «ettmñ lo» toq^aes d e a viso y se disparan los maüsers,
casi d atos para escribir su historia: «Hijo de padres católicos,
de modesta s iempre al aire, pero en aquellos instantes todo el mal
está y a p erpetrado siu posición, fué educado gratuitamente en el r
emedio, e n los h ospitales s e c uran S eminario de Castres, donde dio
pruebas c abezas de católicos rotas, brazos frac- de su inteligencia,
pero también d e su turados, pechos y espaldas magulladas, c arácter
insubordinado. Bachiller en é se ha hecho la autopsia de los cadáve-
1862, fué enviado á P arts d e:a:pfimas dé la Diócesis p ara seguir
los estudios superes de las víctimas. U rge que ese mal, que va ya
hacién- riores en el Colegio de los Padres Cardose crónico, tenga el
único positivo r e - molitas, do donde pasó al gran Seminamedio: de
ahora en adelante los fieles rio de Albi. donde recibió la t onsura y
q ue salgan A las romerías y è c elebrar l as Órdenes menores: pero
comprendiene xternas manifestaciones del culto, de- do sus profe.wres
los Lazaristas, que no ben llevar en una mano e l r osario y en t
enia gran vocación religiosa, le d espil a otra una tranca ó porra,
6 garrote, y dieron, buscando él entonces asilo en el 8Í parece más
ligero ó más espedito u n c onvento de los Asuiicionístas de Nimes,
r evólver, ó u nas pistolas bien cargadas, de donde también fué
despedido, entranó un cuchillo en buen uso, y... cuando los do poco
después como profesor en el r epublicanos del libro pienso y toda clase
Colegio de Pons, en el c ual se p reparó de sectarios, les salgan a l e
ncuentro en p ara el doctorado, versando su discurso a ctitud agresiva,
no hay más remedio e n francés sobre la psicología d e S anto q ue
esgrimir contra ellos los referidos T omás de Aquino y su tesis latina
sobre c hismes y con ánimo de tirar á l a c «- A belardo. , beaa
al objoto de que no vayatt cojos y... i Más tarde, pensando contraer
matric aiga quien caiga y saifa lo que saliere, monio, rogó á un S
acerdote conocido e ntendiéndose que el qu© dá primero dá s uyo,
que e s a ctualmente Arzobispo fy dos veces. cu^a$ temporalidade»
acaba de Musp0»der), Los católicos no venimos obligados al q ue l e p
resentase á u na familia, cuya h eroísmo d el martirio;: esa gracia s
e h ya !e agradaba. • Después de esto fué nombrado Alcalconcede á
pocos; to* catóiiísos tenemos de de Pons, entró en l a m asonería,
naás d erecho á la vida y debeíaot defenderla r auhasando la fuerza
con la ñieraa. Los t arde en el Senado, y p or último en ïa católicos
debemos defender á muestras P residencia del Consejo de Btlnisíroa,
m adres, nuestras mtjyeres, nuestros hijos d esde donde, sin duda para
pagar lo« q ue forman parte de las romerias, y si beneficios que dobla á
a lgunas Ordenes e n esik justa defensa cae uit republicano r eligiosas,
declaró la guerra á m uerte á inipfo, con su pàtt se |to «oíaa
y u n pati- t odas ellas con un e nsañamiento q ue bttlado menos; los
cátéllces estamos en a penas tiene precedente en l a h istoria.» 1 el
caso imprescindible d e publfcar á ios ^ K lCABliÓ. c uatro vientos
«na cruzada, único r e ..•,.-^..—,. .1 ,1 M Mimm, t m i » ) i n
i n i ntguniiii i —--- ^ medio para que acaben las escenas de s angre
y de crueldad que á d iario ofrecen nuestros pertinaces otienaigos. E l
gobierno nos h a a bandonado, ©I Parece mentira que al cabo de más de
I g obierno permite á ios sectarios todo u n «iglo d© e xistencia,
tengamos que sagi^nero do manifestaciones, aun las mét» lir aún
explicando lo que es «I Carii*»o, g roseras y r epugnantes, el g
obierno No m, e xtrafio. JEn mt» t ierra que antea { q uiere encerrar
á los católicos en lo» e ra clásica por $un h ombres de ciencia, t
emplos iiifaudióndoltís miedo; ia pacltn- lo es hoy por su fanatismo é
ignoranei».
 
 ELECCIONES JÜKICIPÁLES
 Á l os eaplistas
 N uevamonte
se aproxima mm de esas b atallas legales que en determinados periodos
dispone el réj^imen para surtir de p ersonal á los organismos con que
administra la Hacienda de los pueblos. L legan las elecciones municipales,
y 68 fuerza que nuestros amigos tomen p arte en ellas, como la han tomado
siempre, con el mismo noble desinterés, con el generoso esfuerzo, el
entusiasmo y la d isciplina propios de esta Comunión gloriosísima. No
son las elecciones medio hábil para d errocar sistemas odiosos; si lo
fueran no l as admitirían aquéllos, so pena de admitir el suicidio;
pero sí lo son para muchas cosas en que l a Comunión carlista d
ebe poner especial cuidado. Sirven para m ostrar actividad y v ida,
para evitar q ue nuestras masas se consuman en la i nercia de lo que
pudiéramos llamar esperanza pasiva, para ejercitarnos en la d isciplina
y en el t rabajo, que pueden s or ensayos y preparaciones para otros
t rabajos y otros sacrificios que nuestro € audillo reclamará en su
día. S irven además para mantener alta en t odas partes la bandera de
la Comunión c arlista, que e s a nte todo bandera de m oralidad, de
orden, d© derecho, donde, s egún frase do Don Carlos, «caben todas
l as justicias» y todas las rovindicaciones l egítimas, y tienen su
l ugar propio los h ombros honrados. Verdad e s que l as e lecciones
municipales, más que políticas «on administrativas; pero la política
carlista so diferencia sustanciahnento de todas. El carlista no admito
esa doble personalidad que permite á los ntiliados al l iberalismo,
en sus diferentes matices, s er como particulares personas decentes,
y como políticos unos bribones, nada de eso; la política carlista
os como una consecuencia natural y u na etiorescencia e spontánea
do la honradez y de la religiosidad de los espaOoles; es su misma n
aturaleza y su mismo corazón, exteriorizándosa en l a defensa de
los grandes p rincipios du Derecho público y do orden s ocial; es la
ley de la justicia y ol impulso nativo del sentimiento y de la razón,
a plicados al gobierno de España sin miras do interés bastardo ó de
conveniencias egoístas ó de concupiscencias deshonrosas. P or eso,
si los demás pueden en a lgún caso dejar d e s er políticos, sobre
todo cuando temen avergonzarse do l a p olítica que siguen, no80tro.s,
que la tenemos por un grande honor, y q ue en n ingún caso nos estorba
ni para ser honrados, ni para ser católicos, ni para ser c aballeros,
jamás prescindimos do ella, como un católico jamás prescinde de su
c atolicismo, ni un ser prescindo d© su p ropia naturaleza. Podremos
callar en ocasiones, pero en ningún caso dejar do 8©r lo que somos,
y a partarnos de nuestra Causa y de nuestra bandera. P or otra parte,
no hay que olvidar que e n el presento aflo se ha dado á l as eloo
c iones raunieipalea próximas carácter e minentemente político. El
régimen, cuyas Inlquidadea y c atástrofes permanecen sin castigo y
sin venganza porque no ha habido nadie de fuera que alzaso «u brazo
justiciero contra ól, ve con terror descompuestos y a gusanados sua
p artidos, los qu© lo s orvtaa de uaturat «ostén y d efensa, como
el cómplice sirve
 
 á su cómplice, y s iente avecinarse l a h ora
de la expiación, y procura apartarla de sí apelando á lo que apela
siempre, al chanchullo y al atropello, para dominar por medio de éstos
en los C!oncejo8, conforme domina en las provincias y en el Estado. Y h
a dado á l as elecciones m unicipales las proporciones de una batalla
en que se juega la misma vida. En e stas circunstancias, la linea de
conducta de los carlistas es sumamente clara. No nos es lícito, ni
como católicos n i como patriotas, cooperar a l mal d e la P atria,
y s erla una cooperación positiva todo apoyo directo ó i ndirecto
que s e p restase á estos liberales, sean d e la clase que fueren y
gasten el pelaje que g asten. Los políticos del turno, lo mismo q ue
los radicales más desbravados, son n uestros enemigos, y nada queremos
con ellos. Si caen, que caigan; dejemos paso á la Justicia de Dios,
que ni para los individuos ni para las sociedades prevaricadoras es un
nombre vano. Nosotros, con nuestra bandera y con nuestro deber, dejando
su acción vengadora á la Providencia, que ya se encargará de preparar
los caminos á l a Justicia. Nada do componendas con quien tenga olor ó
s abor de liberalismo, y menos si es liberalismo d inástico. S irven,
por último, las elecciones municipales para administrar ]o« Intereses
d e los Municipioa, y e s cuestión de tal i mportancia que e n e sa
administrfteièn I ntervengan los hombres honrados, que por eso ha
sido norma constante ©n n uestra Comunión luchar siempre •en e stas
elecciones, cualquiera que haya sido la conducta de los carlistas en l as
l egislativas, y por eso en I talia, donde el Pontifico, Rey proscripto
y prisionero, h a prohibido á los católicos acudir á l as C ámaras
de aquel Parlamento, en cambio ha ordenado con ol mayor interés que l
uchen por ganar puestos y hacer suyos los Municipios italiano.H. De las
con.sidoraciones anteriores s e d esprende l a c onveniencia grandísima
de que los carlistas acudan á l as elecciones municipales, procurando que
en t odas partes donde nuestras fuerzas estén o rganizadas, las Juntas
respectivas de los lugares designen, de acuerdo con las a utoridades
de nuestra Comunión y con l as personas más dignas de cada localidad,
los candidatos que han de llevar en lo» respectivos Concejos la voz de
nuestra Comunión, que es voz de la conciencia pública y eco do l a h
onradez más a crisolada. A utorizados ofloialinonte para ello, dañaos
las anteriores instrucciones á n uestros leales amigos para que luchen
Henos de fe y de e ntusiasmo, cualquiera que s ea el éxito que consigan,
porque no hay n inguno superior al de haber cumplido coB el deber y a l
de h aber obedecido. hm c ircunstancias vuelven á f avorecer n uestra
política, los trabajos de nuestros a dalides y propagandistas despiei'tan
en t odas partes la animación y el entusiasmo, l as juventudes carlistas
responden e n todas partes al llamamiento del honor, y m ientras que
nosotros nos aleatamoa y p reparamos, e l e nemigo está destrozándose
con sus odios, abandonado por l as personas de buen sentido qffi« huyen
d e él como huyen los animales domésticos de la casa que se hunde,
y eavAndose su propia sepultura. A delante, pues, y ¿IMi meiwra! D e
M C'otréa Mspadol.)
 
 W
 
 È OinGO REMEDIO