Año I I.
 
 Tarragona 11 de Julio de 1903.
 
 m.,M. 3 8.
 ^ 5? %
 
Preciüs i e süscripÉD
 P ara toda España: 6 reales iriiiH'stre. VAgo
«Dticijmdo.
 
 LA ATALAYA
 SEMANARIO TRADICIONALISTA
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 Calle de Augusto,
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 MMiiiL·ïixAaiaisaíiiïs:
 
 AUTORIZADO
 
 POR EU EXCMO. SR. JEFE
REGIONAL
 mejor alguno, son muchos los o yentes no convencidos de que
dispone el p ropaíjaudista político, y no pocos los que r ectiñcan
perjuicios, deponen fierezas, s acuden apatías y h asta se p asan con a
rmas y bagaje» a l c ampo del propagandista. Más servicios h a p restado
Mella solo á la Causa de la religión, do la p atria y la li^timidad,
en dos meses d e i ncesante y e iocuentisima propaganda por l as cuatro
provincias catalanas, que rodos los neutros, mestizos y reconocement e r
o | j untos desde que dieron en la gracia de destrozar al único partido
católico e spañol, que era el c arlista, so preíesto de fundar el p
artido católico d afean, p rescindiendo de las impurezas políticas,
c uando en r ealidad se proponían y s e propi|nen aún alfomizar 6 l
iberalizar, q ue ibdo es uno, á los carlistas. Y fiu bagaje político no
ha impedido á D . J uan V^ázquez de Mella en todas partes gritar: {viva
l a s oberanía social de Jesuisristo!, defender á l as congregaciones
religiosas; ponerse á disposición de l a Iglesia y d e los Obispos,
hospedarse en Is^ a badías parroquiales, sentar á su m ea» i muchos
reverendos Curas párrocos, s tr aplaudido por Comunidades entera», r
ecibir mensajes d e adhesión de m ucligl seminaristas, y o ponerse á los
b an<|^tes y m anifestaciones políticas en 4f^ s ai|»sla mgtixt|||[|
^ M ontaermt. par» q ué afti'se éfmm aéU v iva» á M ari» S
antísima. ¡Quiera el cielo convertir al seftor Mella en otro Pedro
e l E rmitaño para que p redique de pueblo en pueblo por la nación
toda otra cruzada contra el liberalismo y s us sectas! Ese clero todo
le a plaudiría con ambas manos y como un solo hombre, y con los de la
l egitimidad se habrán salvado los i ntereses de l a Religión y d e la
Patria. M ramento resultaría un perjurio, una profanación, un sacrilegio
por virtud de una imposición ó amena** ó de un cohecho que les pondría
en el trance de estar mt. oposición consigo misma, y con Dios, que e s la
misma verdad substancial. Seria vm a cto de brutalidad que u n r eglameSto
a teo en sus bases, que un presidente arbitrario, guardián de parecido
reglamento, que un gobierno déspota y por ellodeeconsiderado. é inmoral,
«Aligase á u o d iputado católico, ejerciendo solwre su conciencia
una tortura propia de verdugos execrables, obligase, djgo, á reconocer,
acatar, y d efender una Coastituciótt r acionalista, impía por sus
cuatro costar dos, desde el epígrafe hasta lafirma;u na Constitución
qu« escluye delgobierno político d e los estados á l a Divinidad*,
un Código fundamental q ue se p one p or m ontera á la Religión
ú n k a , prescinde de los evangelio» y de la divina revelacióa;
q ue considera por inútil ó superfiao todo el orden sobrenatural,
suprime de «na p lumada todo el derecho canónico, proclamando como
tesis l a s upremacía del e stado oficial sobre la Iglesia, preparando
revolucionariamente e l t erreno á l a s ecularización completa de la
sociedad, reconociendo e l ejercicio absoluto d e t odas las libertades
del error y de la perdición, condenadas por la Iglesia nueatr» M adre
en m achos documentos apostólir eos, ¿Qué delHN» responder en el
CkMeigr*» 80 de ios diputados genuínaraente etttélicos á e se acto
bárbaro é injustificable? p ues deben oponer enérgicas protestas y n
egarse á jurar en absoluto, porque si á un ladrón que en despoblado
atenta contra los intereses ó l a v ida de un viajero, s e halla éste
en plenísimo derecho de oponer al criminal ó malvado una defensa
que puede llegar al término de quitar la vida al agresor, rechazando
la fuerza con la fuerza, ese derecho resulta más p atente y s agrado
cuando ya no »e a tenM ANUEL P OLO Y PKYROLÓIÍ. te solamente contra
l a bolsa ó i a v ida (iea d« Atbarracia y Junio de tS03. c orporal,
si que además se invade el terreno de la conciencia, del alma y d e
la v ida eterna. El d iputado católico aun en medio d e C ongresos
compuestos d e m iembros en su m ayoría enemigos de £1 señor Gil
Robles, diputado carlista, Dios y de su sacrosanta religión, no puea caba
d e d emostrar con la elocuencia de en manera alguna sufragar al sosteq
ue le es propia, que los diputados del nimiento de audacias insolejitee
contrig rupo tradicionalista no pueden jurar en buyendo más ó menos á
l a conservación c onciencia lo que les exige el reglamen- do leyes que
dejan de serlo en el mismo to d el C ongreso, y e videncia el p unto a
cto de ser impías; antes bien está oblir c oncreto con tan luminosas
razones, que g ado á p rotestar contra ellas, estigmatie l presidente
Villaverdo á p esar d e sus zarlas y sustituirU\s en todo caso p o r
a udacias, astucias, soñcimas y esfuerzos, o tras buenas, inocultuido
en los organisp ropios do un hombre de tanta fuerza de mos político,
social y a dministrativo los p ulmones, comparables con los d e un s
anos elementos de los principios católit oro de Miura, no tuvo más
remedio que cos, áfindj) que l a sociedad civil sea de c allar y a
pelar á la c aballerosidad del todo en todo informada por Dios, único
se&ór Robles, suplicándole no i nsistiese q ue.puede hacer sanables
las nuclones, y en el desarrollo del tema, alegando el r establecer
el imperto de la Justicia por fútil pretexto d e q ue el P arlamento
ó medio de sus representantes, que tienen C harlaroento n o e staba
todavía consti- c ongregada á l a g loria del Señor en el tutjUeà
A.les fundamentos tncontroyerti- m undo sus iniciativas y p oderosas
actihïéHf t speeetoe coi» iógiea igualmente vidades y cuentan con
la designación dii rrebatible, afiadireroos algunas reflexio- vina para
llevar á c abo esas empresas nes. L os diputados carlistas «son antes
s obrehumanas. q ue todo católicos; en calidad de tale» c reen en Dios,
cuyo santo nombre se inCon estas sencillas reflexiones qued» voca e n el
a cto del juramento, acredi- j ustificada la conducta de nuestros dipun
tando I» verdad d e un hecho, poniendo t ados para con los hombres de
juicio y a l Befíor por testigo de esa verdad; en tal de rectitud de
miras. c ase habrían de recurrir á la infalibilidad Aun cuando en el
Congreso sean los y v erdad del mismo Dios como prenda y n uestros pocos
en número, debido al meg arantia d e su c onciencia, asegurando dio
ambiente pestífero que respiramos, qwe ee obligaban á a catar, reconocer
y p ero valen por muchos, si so atiende á h asta defender algunas cosas
diametral- su valor y fuerza moral, y esto basta por mente opuestas á
l a conciencia de católi- a hora. V EEÍDÍCO. ct» y c aballeros, de
donde en vez de ju-
 
 ADVERTENCIA
 En vista de la grave enfermedad que
pone cu inminente peligro la preciosa vida de ÍS'. S. El Papa León XIH,
han sido suspendidos el m o e t i n g y banquete que debían celebrarse
mañana en la ciudad de Tortosa, con asistencia del insigne orador
D. Juan V. de Mella. Con la debida anticipación se anunciará la fecha
en que deban verificarse estos actos de propaganda tradicionalista.

 POR LEÓN XIII
 
 L a enfermedad que aqueja al egregio p risionero
d el V aticauo, a l P ríncipe de la Iglesia, al gran Ponttftce que
sabia y a dmirablemente rige los destinos de l a c ríatiandad, por
manera ineludible n os o bliga á e levar oraciones al Altísimo en s
úplica fervorosa y h umilde, á fio de q ue l e o torgue en sus altos
designios s alud q ue todos anhelamos para q ue p ueda honrar acá en
la tierra á l a Sacratísima Virgen Haría en el ciucuente^ n ario
d e Su I nmaculada Concepción^ A plicando, pues, estas consideradle^
qiie con ijpilinitablea entusiasmat y s anto n es á l a p ropaganda,
entiendo qae e s o rgullo organizatata para el afio préxino cien veces
más eficaz la propaganda pov enidero. litico religiosa, como la que está
hacienNo necesitan en verdad ni los lectores do el incomparable Mella,
qm l a merad e L A A TALAYA, n i el r eligioso pueblo mente relifi#aj
céme l a q ue sin cesar t arraconense, indicaciones que espontá- se
hace desde los pulpitos. neamente resurgen del fondo del alma Mucho y
bien predieau los sacerdotes, como tributo y a mor debidos al venerat
anto seculares como regulares; ¿pero ble anciano que, con su portentoso
t a q uién acude á l as Iglesias para oírles? lento y su incomparable
magisterio supo Ü nioamente los católicos, más ó menos afiadír días
de gloria imperecedera á l a fervorosos ó indiferentes, pero convens
illa augusta, ante cayos mágicos té»* cidos todos ellos, con lo que no
queremos p landores se extasían las presentes ge- deáconocer en lo más
mínimo la necesineraciones. dad y eficacia d e la p redicación evanL
a misión, s in e mbargo, que pesa gélica. Los sectarios, impíos y r
evolus obre nuestros humildes hombros de pe- cionarlos de to(to pelitre,
se guardan muy riodistas católicos, nos obliga á c umplir mucho de
ponerse al alcance del orador d eber tan sagrado. s agrado, desconfian
de su sinceridad por¡ Atienda solicito y b enigno el Seftor á que le
suponen trabajando pro domo $ua, lo» que recurren á E l, en m omentos d
e y le desprecian hasta el p unto de cont an gran amargura! trarrestar con
pasión t an b aja todo su p restigio. P or el contrario, el propagandista
político-religioso acepta l a b atalla en el Que los intereses religiosos
están por t erreno mismo donde l a p lantea el ade ncima de todos
los interesa políticos, versario, contesta al mitin con el mitin,
h abidos y p or haber, es indudable. Que a l Círculo con el C irculo,
a l b anquete l a religión tiene carácter untVersal y con el banquete,
á l a hoja y el periódico p ermanente, a l p aso que la potitioa es con
el periódico y l a h oja. Cuenta ade» p or su propia condición loca! y
variable, m ás con la fuerza incontrastable de una y a lo sabemos. £n
una palabra, qae lo a grupación política, que dispone de madivino es
más excelente que lo humano, sas tan numerosas como entusiastas y^ s
uperior aquello á é sto y p or lo tanto h onradas, con las trompetas
de la publiq ue l a p olítica debe subovdim^n^ á l a cidad y d e la f
ama que difunden á los r eligión y n o la religión á l a política,
es c uatro vientos sus doctrinas salvadoras, u na verdad de Pero OraUo,
que en vano con el contagio del ejemplo que, de pen os recuerdan l os i
^oonooementeros á cho en pecho corre encendido como rer oso y b elloso,
come s i l es carlistas nos guero de pólvora, y h asta con la eom* a
cabásemos de caer de un nido y desco- p iicidad del enemigo que, por
medio de nociésemos e l a becé 4® las relMlones s us informaciones
unas veces, de sus refutaciones, insultos y d iatribas otras, y e ntre la
j^llttea y l a relifión. P ^ o yimbièn es verdad que la eflcaeia d e s
us i nquietudes y r ecelos siempre, a unque por propia conveniencia adopte
d e los medios en relación coa los ittes, y p ractique la conspiración
del silencio, n o s e imlcttla espeeulativAmente y á t arde ó temprano
estalla y c ontribuye ipríorl, sino práctieametite y 4 pmtwími como el
que más al triunfo del aposto* pmr losi^eetoi, es deeir: un medie seria
l ado seglar. t anto wá» « ícelente y eflcaz, siempre P or curiosidad
unos, p or s impatías q ue sea lícito, cuanto más rápidos y m em ás
ó menos conscientes otros, y.hasta jores sean le» resultados que p r ^
u o e en r elación con les fines que se persiguen. p or odio sistemático
y p ara combatirte
 
 Por ejemplo. El r econocimiento sincero, l eal,
sin reservas mentales, de las instituciones republicanas ¿ha producido
o I efecto q ue a nhelaban los católicos franceses? A l a v ista está,
y q ue lo digan Wttldoc-Rousseau y Combes con sus l eyes tiránicas y p
ersocotorias. Los republicanos franceses jacobinos se van a l fondo do
las cosas, no so p aran en apariencias superflcinles y p ara ellos t an
e nemigos d e l as instituciones y del gobierno son los republicanos
católico» como los legitimistas católicos, no por el carácter
político de unos y o tros, sino por su carácter religioso. El enemigo es
Cris*'' to y su Iglesia: d e lo d emás se burlan, p ero no se burlarían
d e un fuerte partido legitimista que conspirase día y noche contra las
instituciones republicanas y l legase á t ener fuerza bastante para h
undirlas, como no se burlan en Espalla del partido carlista, no p or lo
que tiene de católico, sino por su empuje político, q ue si no es s
uficientemente vigoroso p ara d ar al t raste con el l iberalismo, q ue
nos deshonra, p or c ulpa precisamente de muchos á quienes interesa más
q ue á n osotros l a d efensa de la Iglesia, si tiene vigor bastante y
a bnegación suflclente para impedir que los sectarios se desboquen y h
agan en España exactamente lo mismo que están haciendo en F ranela.

 EL JURAMENTO
 
 U PROPÍfiÀiTlíSo-BEUClBSIl