AÑO I .
 
 T arragona 7 de Diciembre de 1902.
 
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 Precios de soscripción
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 JEFE REGIONAL
 
 AUTORIZADO
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 R o o a m o s cnciirocidamentí; á todos los señores
siiscriptores se sirv a n remitir á la m a y o r b r e v e d a d ,
y á e sta A d m i n i s t r a c i ó n , el i m p o r t e d(í sus
suscripciones, á fin de poder i r r e o n l a r i z a n d o la m a
r c h a a d m i n i s t r a t i v a del periódico. D e b e r es de
todos los buenos trad i c i o n a l i s t a s c o a d y u v a r , en
la medida de sus t'ücizas, al sostenimiento d e L A A I A L A V A ,
y a q u e su contiauaciói», a p r o b a d a por la A u t o r i d a d
d el Parlitlo, i m p o n e c u a n t i o s o s sacritícios pecimiarios
á los iniciadores. P a r a el envío del dinero p u e d e n v a l
e r s e d(ü medio q u e les sea m á s f ácil y práctico.
 
 POR

 EXCMO.
 
 EL PROGRAMA CARLISTA
 Muchos son todavía por dosgracia
lo.s q ue miran de reojo la causa de quo es Do» OiirloH geiutiiio
ropresentaute. Esa provpiicióri injuRtifieada so explica alguua vez por
aneja» preocupacionos apoderadas de mentes que no quieren toinar.Ho oí
trabajo do discurrir, es verdad; p ero en oí mayor núraoro de casos debe
a tribuirse A l íjnorancia completa de las a spiraciones nobilísimas quo
dan brios y a lientos á la gran Comunión católico tradicionali.sta y
de las bases finnfairaas e n que se ha de apoyar su excelente sistoma de
gobierno, que según Aparíci y G uijarro, conservará todo lo bueno do la
a ntigticdad sin recliazar lo bueno, fruto d e la ciencia y osporioncia
consumadas e n las edades modernas. L as grandes cuestiones de interés
vital para Espafla tienen cumplida solución, inspirándose el carlismo
en un c riterio católico ©levado, diametralmente o puesto al criterio
liberal racionalista y p or ende anticatólico. L o concerníante á la
unidad política d o Espafla, á su Roy, al Consejo del M onarca, á las
Cortea del Rolno, verdadera representación del pals, á la autonomía de
las provincias, á la descentralización, y á la manera do ser de los r
nunicipios; lo tocante á los empleados, A l a instrucción pi'iblica y
á la Beneficencia; laa relaciones entre la Iglesia y e l Estado, en que
la Iglesia cumple con « ntera libertad su alta investidura de M adre;
las cuestiones arduas sobre derecho en sus diversos puntos de vista;
la o rganización del Ejército, los grandes p lanos de Hacienda,
la extinción en la D euda páblica y otros extremos de no m enos
capital interés, tocados están con m aestría y acierto tal, quo si
es© magnifico programa m l levase á la práctica, h ablase salvado
España de los grandes c ataolismos que se le vienen encima. Ho ahí
el programa: Quoromos en la Religión la unidad €&tóliea. D escaraos
amplia descftfttrallaawBión administrativa y fuerte anidad política. A
nhelamos Rey que reine y gobierne c onforme A las leyes; con intwvención
©n ciertos casos del Reino junto en Cortea, y oyendo al Consejo. Que
las Cortes oompuoata» de braïos r epresentando clases, voten los
irapuettos nuevos; examinen las cuentas del E stado, intervengan on la
formación de l as loyos, expongan necesidades y diri-
 
 jan peticionos
al Rey. QIKÍ al terminar sus mandatos les procuradores en Cortes den
cuenta de su gestión á .sus comitentes. Quo los procuradores en Cortes
no puedan ndiiütír Hit>rced alguna del Estado no sólo duraiUt» el
tiempo do su m andato, sino diiruntc los cinco años s iguientes á la
terminación de aquel. Quo el Consejo compuesto de los va r oues más
eminentes del Reino elegidos por el Rey, eiuiendan on la redacción do
ins leyes y de su dictamen, en la s eparación de empleados; sin quo
los consejeros puedan .ser removidos .sin oir p reviamente al Tribunal
Supremo de J usticia, cuyos Magistrados sean inamovibles. Queremos que
el Municipio y la provincia tengan vida propia. Q,iu) sean electores y
elegibles todos los varones cabezas do familia, sin tacha, que sepan leer
y escribir y paguen contribución. Que las provincias sean los antiguos
r einos administradas por Juntas. Que el Consejo sea grande estando s
iempre su cabeza on ciudad ó villa. P odrá haber, en nuestro sistema,
un gobernador general en la Provincia y un c orregidor en el Consejo,
no para administrar sino para impedir abusos y descuidos de servicios
importantes. Quoromos sólo los necesarios emplea-
 
 a gravios que á
la Iglesia estaban infi- s o y y o ! p u e s é l m i s m o •<(• h
a c u i d a d o d o riendo los gobiernos liberales, suplican- h acerles
entender á esos visionarios, qu« d d c quo pusiese á esto el oportuno
r e - él se atendrá escrupulosaniento á laá medio. p rescripciones de
sus deberes constituEl joven monarca les contestó hacien- cionales. ¿Y
para ir á la postre al godo una profesión brillante de sus senti- bierno
personal del Monarca derramó mientos rri.stianos y agradeciéndolos t
orrentes de sangre la España liberal y n»ay de corazón el apoyo que al
trono p arlamentaria?. p restaban los obispos, y terminaba la U na larga
y dolorosa experiencia nos magnifica contestación díeiéndoles quo,
h a convencido que los Prelados en esas e n lo quo á las peticiones
se refería, da- espo-siciones al Poder moderador no han ría cuenta de
ello é su gobierno, confór- de hallar alivio algiíno; mas debe convem
e s e lo prescribian e»8 deberes consti- nir hacerlas, cuando con tanta
insistentiwionales. Fué ese escrito una obra cia s& h acen, á pesar do
la ineficacia de mftestra, en la que no sabe utm q ue más sus resultados;
pero lo cierto es que t o a dmirar, si la deücadessa de sentimientos dos
debemos estar muy satisfechos de la d(\l augusto disciputo del P. Montaña
ó c ontestación que los dio á esta última l a perfecta corrección del
rey constltu- D . Alfonso XIIL ciena!. Hizo éste todo lo que pudo hacer,
y D . Alfonso, ©é««iMÍ© por su virtuot» quien hace lo que puede,
no está obligam adre, D.« Cristina, ha resultiMlo eme te do á más. que
debía, un buen «fltttlano; p«i^ P . AlOtro rumbo han do seguir las
peticiofonso, que con gmn satisfaccièn suya nes si se las quiere hacer
eficaces: otra j uró «oleronemente la constitncién del m archa han
de seguir los quo hayan reE stado, ha resultado también un perfec-
cibido agravios de los gobiernos liberato rey constitucional. les: o tro
derrotero esu\ marcado á lo» Suponen algonos que los obispos h a - q ue
quieran hacer triunfar un ideal jusbrán quedado disgustados por «na con-
to y honrado. testación en la que no s e les ofrece ni la L as peticiones
dóciles y sumisas más remota esperanza de que serán a blandan el
corazón y ganan el afecto a tendidas sus justas y racionales quejas;
d el que las recibe, pero son impotentes pero yo croo que no hay motivo
de dis- p ara apartar los obstáculos que la maligusto ni de desazón a
l ^ n a , porque el cia de los hombres lea pone en el camittj^onarca so
manifieste muy religioso, no, y m uchas veces el miedo encoge á do-S,
í ">oro»bion dntnHr^^J j - oiii Í |I*O ^««.du.*» sor removidos á
no sor con justa causa muy agradecido y muy fiel observante ios gomemos
y tes ouiig» a euum cu u»a d e una Constitución que en presencia
de v ías de la justicia y do la razón. y oyendo al Consejo. Cuando en
España apuntalaban el troD eseamos administración de justicia los mismos
Prelados con tantas solemnidades juró guardar y observar. Pues no dos
partidos robustos y bien organig ratuita para los pobres, rápida en la
t ramitación, inamovible y bien retri- ¿qué hay de malo aquí? ¿tan
cortos de zados, el conservador y el fusionista, A v ista son los obispos
y tan en poco tie- los disidentes so les negaba el agua y el buida en
el personal. Apetecemos la Instrucción pública y nen los dictado»
de la conciencia, que qui- fuego y tenían á la postro que capitular;
sieran que D. Alfonso, atropellando j u - poro hoy día que los rebeldes
represenl a Beneficencia, bajo la inspección emiramentos y rompiendo
compromiso» tan una gran fuerza y pueden amenanente de la Iglesia,
pagadas, mientras s olemnes, hiciera caso omiso de las presno logren
restaurar su independencia, cripciones constitucionales que le permi- zar,
se les mima, se les agasaja y se les complace. por la administración
provincial y muni- ten reinar, pero no gobernar? L os católicos, que
no hemos sabido cipal. E l monarca contostó tan bien como a prender
el lenguaje de la amenaza, Queremos que las sumas que cada < ^ m arca
pague, exceptuando una pequeña p odia contestar dada la situación
espe- q uedamos muy biyitos y so hace de noscial en que le coloca el
régimen vigente, otros el mismo caso que de las coplas de p arte para
los servicios generales del ni la prudencia y discrectón de los obis-
C alaínos. Si toda nuestra virilidad se esE stado, se inviertan en
la misma comarpos podían estendorsQ á pedir más de lo tiende á
respetuosas exposiciones, tenca y en su beneficio. q ue en ley se les
podía conceder, ni era dremos que llorar como mujeres lo q«© Q ueremos
la Codificación del Derecho p or otra parto decoroso ni cristiaiío
excino habremos sabido defender como homc ivil, codificando lo vigente
en las pro- tar al augusto Jefo del Estado A que cobres. vincias con
fueros propios y que éstos metiese un perjuicio tan en daño de su Los
carlistas no acostumbramos pedir se respeten. conciencia y en mengua de
las buenas á q uien no tiene facultad de dar, ni qué* A spiramos en
industria á progresar c ostumbres, aunque fuese con un fin tan r emos
inducir á nadie & q ue falte á t u s p rotegiendo. s anto como es el
bien de la Iglesia. j uramentos, ni haga traición á sus a m i D eseamos
ejército con poco activo j Y a saben los obispos y sabemos todoa gos,
n i à que contradiga á sus manifiesg randes reservas, bien pagado y
tener loa católicos que si algo nos falta hemos tos: e s nuestro lema
destruir el liberalism aterial y escuadra cual corresponde á d e pedirlo
á los ministros, que son loa mo, no encauzarlo; por eso á otra parte l
as necesidades de la nación. c onsejeros responsables de la Corona, y,
v olvemos la vista y á tabla de más seA spiramos á enjugar la Deuda,
aún si estos no tienen à bien complacernos, guridad nos agarramos: lo
demasío cond isminuyendo impuestos, suprimiendo p aciencia y barajar. A
¡a Corona no he- sideramos pueril é inofensivo. X* m uchos empleos
inútiles y desenvolvien* mos de acudir más que para ensalzarla do
nuestros veneros de riqueza. y b endecirla, porque allí se reciben
bien Y a spiramos á una política colonial l as alabanzas y m ven con
buenos ojos firme, moral ó inteligente, y hacer otyr* los elogio»;
no caen bien las censuras ni E spada al otro lado del Estrocho desde e
stán muy en su lugar las demandas, Tenemos que dar la voz de alerta A
Melilla hasta Agadir ó Mogador, guiando p ues ya que haya buena voluntad
do n uestros amigos los carlistas. h acia allí nuestra emigración,
y cum- a tenderlas, los deberes constitucionales Y d enunciarles quo
lo.s elemento!* del pliendo nuestra misión civilizadora y del Monarca,
reconocidos por juramento periódico local La Cruz nos hacen pof p
rovidencial. 80l€»nne, ie Impiden, quizá con harto sen* b aja mimo
y á la chita callando, un» P ATRICIO. t lmiento suyo, el poderlas
satisfacer en g uerra sin cuartel, amparándose ea -' iwiiwi a «11 —
l i l i l í su justa y debida manera. n uestra excesiva prudencia. N
adie podrá decir que hayamos p r o E s un contrasentido palpable querer
e l régimen y no admitir sus consecuen- v«;ado esta cuestión, pero se
nos «stA